Por: Marisuip

Hace un par de años fui, sin mucha gana, a un “toque” en un bar de chapinero; por qué sin mucha gana, porque precisamente el fin de semana anterior había estado en otro donde todo resultó ser de una muy pobre calidad, los cantantes confundían las melodiosas voces de McCartney o de Mercury con alaridos y los acordes de las desafinadas guitarras producían un peculiar dolor de cabeza, así que mis ánimos no estaban muy dispuestos para otra experiencia similar, y la verdad es que cada vez que yo escuchaba un “toque” sentía como mis más queridos ídolos del rock eran masacrados con esas nuevas versiones.

Pero este día tenía un ingrediente especial, yo iría con alguien a quien no veía desde hacía mucho y a quien sólo tendría oportunidad de ver esa noche, así que accedí; poco sabía que escucharía una de las mejores cosas que he oído en toda mi vida. La banda se llamaba Classicstone Ensemble, una banda tributo que ya tenía bastante reconocimiento en Bogotá y que esa noche tocaría Pink Floyd.

Cuál sería mi sorpresa cuando los cinco músicos entran a escena y el “toque” comienza. La suave forma en la que tocaban sus instrumentos embelesó mi oído y me capturó durante toda la noche, valga aclarar que de todos los grupos británicos de aquellas épocas majestuosas del rock, Pink Floyd no es de mis favoritos, pero aún así, me quedé en silencio, a pensar de la bulliciosa multitud, escuchando los más fabulosos músicos que he escuchado en Bogotá.

Y es que Classicstone Ensemble no es un grupo cualquiera; no, para ellos la música es su modo de vida y la pasión que hace hervir su sangre; dejando, en el escenario, hasta la última gota de su alma.

El grupo base es compuesto por cinco integrantes, la voz líder, Francisco José Martí, un chileno teatrero que llegó ya hace mucho a nuestro país, con una capacidad vocal admirable; Javier Ojeda, guitarra, un flaco rockero que al tocar el instrumento hace magia pura; Diana Osorio, teclados, la más joven del grupo y cuyo rostro angelical hace juego con la maravilla que producen sus dedos; Juan Andrés Rodríguez, batería, su vivaracha mirada queda a un lado una vez coge las baquetas y juega con ellas sobre su instrumento, y por último, pero no de últimas, Sebastián Rodríguez, director del grupo y bajista, el carácter serio de este personaje se pierde por completo una vez sube al escenario y guía a sus compañeros en la magia del rock clásico.

Así fue que los conocí, el día siguiente volvieron a tocar, y allí estuve yo, hizo gala su tributo a The Beatles, la mejor banda de la historia en lo que a mí respecta, y la fuerza, dedicación y perfección que este grupo le imprime a su música son únicas, desde ese momento y hasta ahora, me he convertido en una fiel fanática de ellos, siguiéndolos cada vez que nos asombran con su música.

Pero la verdad es que hay mucho más de Classicstone que lo que ve el ojo a simple vista, cada uno es un personaje maravilloso, dedicado fielmente a su trabajo y empeñado en ser el mejor. Por esto, han conseguido una fanaticada enorme en nuestra ciudad, porque no hay personaje que por desparche o por error llegue a oírlos y no quede embelesado y convertido en un fiel más.

Sus tres tributos, Pink Floyd, Queen y The Beatles, son aclamados; cada uno, por supuesto, tiene sus fans específicos, y cada vez que se reúnen a tocar en algún bar de la ciudad, la multitud llega cumplidamente. Lo más interesante de estos “toques” es el público, porque dentro de la audiencia se encuentran todas las generaciones, desde aquellos cincuentones que crecieron con dicha música y ahora recuerdan con orgullo sus épocas de juventud; hasta los jovenzuelos que jamás la han escuchado, y es asombroso ver estos dos públicos tan diferentes, igual de contentos y de comprometidos con la banda.

Sus tributos no solamente han llegado a los bares de Bogotá, sino que también se han abierto un amplio público de auditorio, sobre todo entre los más jóvenes, aquellos que por su edad aún no pueden ingresar a los bares. Y es que además la puesta en escena que hacen durante dichos conciertos es fabulosa, ya que, debido al gran respeto que tienen por las bandas, relacionan todo dentro de la época, los vestuarios, escenografía e iluminación. Dándole a la audiencia un espectáculo como ninguno hecho por un grupo de jóvenes, sin representación de una disquera, en esta ciudad. También es necesario agregar que en estos espectáculos cuentan con el apoyo de otros maravillosos músicos, como lo es Juliana Rodríguez, cuya pequeña estampa se dispara al oír su poderosa voz, o con los grandiosos acordes en el piano de Pablo Mendoza y por supuesto, no podemos dejar atrás, a Rafael García, con su poderoso bajo.

Por estos días Classicstone Ensemble está preparando, con sumo misterio, algo que todos sus seguidores hemos estado esperando, la producción de su propio material, el nombre del grupo que lo llevará a la luz es Sputnik, y es compuesto por casi todos los miembros de la banda.

También andan, por estos días, con un nuevo y hermoso proyecto, una escuela de rock, donde ellos mismos son los profesores que pasan a sus alumnos, no solo su impecable técnica y manejo musical, sino su respeto por el género y su pasión por el trabajo.

Así que por ahora no me queda más que recomendarles ir a uno de estos conciertos y adentrarse en este mundo musical que esconde Bogotá y deleitarse el oído. Porque tendremos ensambladores de clásicos para rato.

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